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mayalde@mayalde.com
CANCIONES TRADICIONALES SALMANTINAS
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01. Charrada del herrero 10. El arriero
02. La mi morena 11. Frascuelo
03. Charrada del Tío Huete 12. En la provincia de Jaca
04. La perandula 13. Cazador que vas cazando
05. Las agachadillas 14. Las mozas de Calvarrasa
06. La serrana de la Vera 15. De Retortillo y Boada
07. Dígote mujer 16. La polla
08. El triste quintado 17. La asociación
09. La loba parda
Seis años después de la aparición de La herencia su último trabajo discográfico Eusebio y Pilar Mayalde a quienes nunca atosigaron las prisas ni la inmediatez que preside tantas veces la vertiente comercial de nuestra música han realizado un muy serio trabajo de recopilación y aprendizaje -sólo los necios creen estar en posesión de la sabiduría- en el que han madurado hondamente todos los temas que hoy aquí nos ofrecen de suerte que son ya parte íntima de la propia experiencia engarzados como un eslabón más a su forma de entender el mundo y a su manera de vivir la vida. De ahí la frescura que emana de sus canciones la fuerza profunda en la interpretación porque Mayalde no es como tantos cantores de aires populares mero intermediario de un saber poético y musical que en otros se sustenta Mayalde es una tradición misma encarnada en tierras de Salamanca creciendo a la fuerza de pasión enamorada.

Ramón García Mateos
DAR POSÁ (villancicos tradicionales)
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01. La zagala 07. La Virgen va caminando
02. Alborá de Nochebuena 08. La serrana y la gitana
03. A dónde camina 09. La huida a Egipto
04. Tan alta iba la luna 10. Aguinaldo
05. La Virgen está cerniendo 11. Las doce palabras
06. Caravana de gitanos 12. La hierbabuena
La Navidad, época en la que se sitúa el primer episodio de la vida de Cristo -uno de los más hermosos y positivos de su vida en la Tierra- reunió leyendas e historias pretéritas colocando su conmemoración en las fechas cercanas al solsticio de invierno, momento clave para las culturas precristianas, más inclinadas que la Cristiana a dar protagonismo a la Naturaleza y a los astros... Se creó así un relato uniforme y aceptado por todos que incluía narraciones explicando y completando épocas oscuras de la vida de Jesús y su familia. La mayor parte de los romances, villancicos y pastoradas que poseen argumento y que han llegado hasta hoy oralmente o por escrito, incluyen alguno de esos episodios: El nacimiento en el portal a donde acuden los pastores (a partir del siglo XVII también gallegos, gitanos, negros, etc.); la adoración de los magos o reyes; la huida a Egipto; el milagro del trigo....

Eusebio y Pilar -y ahora también sus hijos- llevan mucho tiempo bendiciendo con su alegría y su arte, con su gracia y con su seriedad -¡qué hermosa paradoja!- el mundo de la cultura tradicional. Suyo es todo el esfuerzo que se aprecia en este disco. La recopilación de los temas, dirección musical, la interpretación y -estoy seguro- hasta la bota de vino que andaría rodando de mano en mano durante la grabación de este trabajo que se llevó a cabo en su propia casa..

Joaquín Díaz
CAMINO DE LA PLATA
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01. El rey moro 09. El cura de Torviscoso
02. Nana 10. El abuelo de los nabos
03. Los frailes 11. Mazurca de Mauricio
04. Habanera valseada 12. La máquina negra
05. El labrador cornudo 13. Catalina y Carolina
06. Las vocales de San Rorro 14. Ronda del reloj
07. Canto de esquileo 15. El cantar de la zamarra
08. Don Fernandito 16. Mustafá
Mayalde son hoy un clan perfectamente cohesionado y entregado a la herencia antigua. Pilar y Eusebio, Laura y Arturo -padres e hijos- han firmado una alianza sin fisuras y demuestran una complicidad emocionante para unos tiempos de desintegración desoladora.

Alejados deliberadamente de la academia, de la erudición, de la disección de gabinete, del artificio, Mayalde han sido, son y prometen seguir siendo una exhibición exuberante de sinceridad y emoción, de honestidad como emblema, como marca esencial de la casa.

Firme correa de transmisión del acervo popular, cada una de sus lecciones magistrales sobre el escenario enciende nuevas llamas que servirán para seguir alumbrando el camino tortuoso por el que discurre la herencia de los antepasados.

Caja de Pandora de ritmos, sonidos y mensajes sin cifrar, sus conciertos son también una demostración de simbiosis magnífica entre el artista y su público. Pocos intérpretes de música tradicional pueden desplegar una liturgia tan bien asumida y ejecutada por parroquia tan fiel.

Mayalde y su público forman ya, veinticinco años después, una secta: la de los elegidos.

Juan Francisco Blanco
AL BUEN TUN-TUN
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01. Licencia pido 08. El caballo trotón
02. Quisiera blanca paloma 09. La Hijuela de Marcos y Marta
03. Las comadres 10. Baila oso
04. Polka del tulipán 11. La Asociación
05. La Clara 12. Portuguesiña
06. La coronela 13. La despedida es triste
07. La lata
La conocida tocadora de pandero cuadrado, “la más brava y la que más cojonis tieni de Peñaparda”, como insistía en decir, Máxima Ramos Sánchez (n. h. 1908-1994), presentaba sus actuaciones con certeros argumentos, correcta educación y una garra que ya quisiéramos muchos: “Aquí mos tenéis, pa lo que sea menestel, pa bailal el charru de Peñaparda. Porque la genti vieja es la que sabe la función. Los nuevos ni anque queráis, nos sabéis como nosotrus, porque entoncis había güen tamborilero, güenas castañuelas, bien plantá la genti pa bailal, ahora na más saben … otras cosas … y no las digu ... porque no!”.

Con este arcaísmo lingüístico pero con esta claridad exponía Máxima La Caramba la realidad de la tradición en los tiempos modernos. Y qué razón tenía. Algunos me anotarán que la tía Máxima también fue joven y que las tocaeras de entonces, a buen seguro, la recriminarían del mismo modo. Pero la diferencia, más que notable, radicaba en el respeto a los maestros de antaño y en el aprendizaje basado en una labor constante de observación y práctica que duraba años. A la par, la sociedad rural no toleraba -como ahora- la mediocridad interpretativa y la condenaba a bodegas y reuniones familiares (que tampoco está nada mal por otro lado) y obligaba a que el músico profesional dejara pasar mucho tiempo antes de que acometiera, con los conocimientos aprendidos, una actuación pública. Frente a la falta de criterio, del “todo vale” y la banalidad del lamé, del tergal, del poliéster y del charol en el que se confecciona la tradición actual, casi parafraseando las letras de Fangoria en su último trabajo musical, los Mayalde apuestan por seguir tejiendo las múltiples posibilidades que les ofrecen la lana, el lino y la seda.

Aunque siempre me resistí en conocer a la tía Máxima, por acuitado respeto, ignoro si disfrutó de alguna actuación de Mayalde pero si sé que bailó y cantó con ellos en numerosas ocasiones y lo mismo que la vieja peñapardera “arrimaba a tocar el pandero” a tía Tomasa la coja, de quien aprendió el toque (imaginamos que el baile no) los Mayalde “arriman” (arrimar se utiliza allí en el sentido de igualar y continuar los viejos estilos) como pocos en la esencia con otros cantores, bailadores y músicos populares, de los que han sintetizado el poso, la “gracia” y siempre la elegancia. Somos conscientes de que esta continuidad de la tradición actual se cimenta sobre tres pilares: La etnografía, que como Disciplina requiere un estudio académico, práctico y una elaboración de resultados; La interpretación o ejecución profesional de ese legado (artesanías, danza y música) que necesita del conocimiento de los ejemplos y técnicas, además de una calidad en las voces y en el manejo instrumental -pocas veces se reúne todo- y cierta honestidad para saber cuándo uno está preparado para salir a la palestra. La enseñanza es el tercer pilar y la tarea fundamentad que requiere además de paciencia haber entendido la esencia de la tradición. Mayalde participa un poco o un mucho de todo lo anterior y puede permitirse el lujo de tomar de acá y de allá, hacerlo con gusto y representarlo como atractivo visual y de los sentidos, incluso en cd, haciéndonos palpar la presencia no sólo de lo “antiguo”, pues el arte, siempre es actual, presente y futuro.

Debemos siempre un recuerdo a aquellos de los que aprendimos. Mayalde incluso los personifica en el escenario. Los “informantes” (vaga palabra para definir al Conocimiento; al menos en Latinoamérica los denominan “cultores”), conscientes del valor de sus conocimientos, no ignoraban detrás de lo que se andaban los visitantes ocasionales que al medio rural se acercaban y la tía Máxima los increpaba: “si, si, vosotros venís por el mi sabel”. Y aunque muchos han visto ese saber pocos lo han entendido. De ese entendimiento hace gala este disco, sino ¿qué grupo se atrevería a grabar una canción de diez minutos de duración, “La Hijuela”, conscientes de que tiene la fuerza necesaria para mantenernos astentos hasta el último segundo? o ¿presentar un repertorio extraído directamente de la voz antigua que muchos veríamos como mortecino, demasiado popular o moderno (María Rebolleda, La Clara, La Asociación, El tulipán, La portuguesiña) y extraer de él la frescura que tuvieron hace décadas y volverlo a los altares?. Mientras muchos repiten incansables una y otra vez versiones de su pobre cancionero, incapaces de ver “el alma” en otros repertorios, estos charros nos sorprenden con novedosas ideas y expresiones, que a la vez son universales y antiguas.

Entender la esencia y ser capaces de transmitirla nos asegura unos resultados óptimos además de necesarios en estos momentos. La tía Máxima tal vez no fue la mejor intérprete y se defendía explicando “que asina aprendí. Y cuando aprencipié a tocal… que no aprencipié ni hoy ni ayel, que las que tocan por ahí dicen que saben, saben, ¡coño! cada una le damos su golpi!”, pero fue capaz de mostrar y trasmitir la fuerza de un legado que ha estado ahí como parte indisoluble del ser humano. Ella fue el portazo de cierre de una época, de la milenaria cadena de la tradición. Mayalde, por fortuna ha sido capaz de abrir la puerta de nuevo y convidar a los muchos que nos fijamos en su trabajo para continuar en nuestra medida la obra de esta herencia. Y termino y aprovecho de forma egoísta estas líneas que me brindan, para recriminarles una actitud; el que nos hayan privado de otro gran placer al que en tiempos nos acostumbraron: el baile... ¡Aplíquense el cuento!.

Carlos A. Porro.
TINAJORIA
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01. Las tres cautivas 08. Lolita del alma
02. Elena de molinillo 09. Escoba
03. Mayas de Añover 10. Carmela
04. Días de hilar 11. Epístola del gallego
05. La espadilla 12. Ronda de Villarino
06. Marianita 13. La herencia
07. Rap 14. La mujer de Churrimangurri
El barro lo arrancaron a golpe de azada, del suelo a la espuerta, de la espuerta al esportón, ramal y paso lento hasta la puerta de casa, las cosas buenas se sudan desde el principio, la caballería hay que tenerla bien comida y bien cuidada, a palos no se hace bueno el mal burro, el barro se maya, se muele y se criba, se le da de beber y se pisa, luego vienen las manos del hombre que lo amasan y le dan fuerza, luego las de la mujer y el torno le dan forma, la forma del cacharro se levanta a fuerza de vueltas, las vueltas se dan con maña y oficio, el oficio lo aprenden de los padres los hijos , el sol lo seca y otra vez al monte a arrancar leña, acarrearla, preparar el horno, la calor del horno es la que le da la vida y la resistencia, luego la gente lo usa según lo necesite, así se hizo esta Tinajoria.

La Tinajoria pasó los primeros tiempos en la raya de Portugal, donde los ríos se hacen peñas, a fuerza de charros y de trasmallos, fue cogiendo gusto a moje de peces, oyó cantar a las mujeres que limpian la pesca, oyó pregonar al afilador y al pescadero que vende los barbos, oyó repicar las sartenes cuando van al baile, aprendió a medir las vueltas y a dar los cambios y oyó cantar las monedas al borde del mismo barro de que está hecha.

Ya después heredó la Tinajoria una prima hermana de la difunta primera dueña, que por haber casado en tierra ajena, arreó con el ajuar y el cacharro para la dehesa, y allí se le perdió el gusto a peces y se le vino al alma un moje espeso de manteca perfumada de manzanas, y sintió charradas de tapadera y perantones de tenedor y bailadores de madera encima de una tabla, año tras año fue dando gusto a las patatas de los segadores, a la tosta del mayoral, a las sopas de los gañanes, y todos cantaban y la Tinajoria a guardar, que la Tinajoria ya la hicieron para pasar la vida guardando, quien guarda, halla, así pasan la vida entre guardar y sacar la Tinajoria y los amos.

Quiso la tercera bisnieta de la que marchó para la dehesa mudar de vida y ver mundo, y marchó a la vera de un camino y se hizo ventera, y que buen gusto daba la Tinajoria a aquel vino, que sabía a fruta y a manteca, y allí escuchó todos los cuentos, todas las letanías espesas de incienso y vino, allí sintió a los buenos bailadores sacar chispas del puñal con la espuela, allí aprendió de los más horrorosos crímenes, de los brindis y de los cantares que sólo se pueden cantar en las bodegas.

Antes de que llegara el tiempo de los chamarileros y de que todas las hermanas de la Tinajoria acabaran en rastrillos, comedores, museos, jardines o escombreras, creo que por la fiesta de agosto, sintió cantar la Tinajoria en la plaza, mucho tiempo llevaba ya en la cuadra sin oficio, ni arte ni parte, y le pareció volver a sentir el gusto del vinagre, del unto, del humo de la picadura, y en su dura entraña de barro, volvió a las historias, al ruido de hoces y a las voces de mozos, y se estremeció la Tinajoria, de la cuadra a la furgoneta, de la furgoneta a Aldeatejada, de Aldeatejada al Chorrón, del Chorrón a nuestras manos, la Tinajoria.

Pregunta la Tinajoria, quién es Eusebio, mi padre, mi marido, mi padre, mi maestro, Eusebio lo es todo en este baile, está salvaje, delirante abuelo que quema juncos con la helada, no hay quien lo sujete, Arturo, hijo, dile algo!, su sola presencia hace abrir los ojos como platos a este que fue niño y vio cómo hace cantar una bigornia.

Pregunta la Tinajoria, quién es Pilar, mi madre, mi mujer, mi madre, mi confidente, la presencia serena, hoy descubre la esencia profunda y rota de mil mujeres cantando, las manos que amasan y la sonrisa serena que nos da alegría, quien teje la tela y en mi memoria la bailadora perfecta que nunca te cambia el paso.

Pregunta la Tinajoria, quién es Arturo, mi hijo, mi hermano, mi hijo, mi hermano, un rebelde converso, el único capaz de poner freno a este derroche, los ojos nuevos que miran en mi fondo, la palabra y el trabajo, el talento capaz de rascar en la tradición y servirla hoy para el mañana.

Pregunta la Tinajoria, quién es Laura, mi hija, mi hermana, mi hija, mi prenda, quien me hace llorar en cada canción, quien mueve al baile al son de pandero con el saber y la gracia de cien generaciones, su voz es la memoria y la herencia de este cuento, y sus manos son las manos que acunan a quien se cría en el fondo de la Tinajoria.

José Luis Gutiérrez, Guti