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Tinajoria

El barro lo arrancaron a golpe de azada, del suelo a la espuerta, de la espuerta al esportón, ramal y paso lento hasta la puerta de casa, las cosas buenas se sudan desde el principio, la caballería hay que tenerla bien comida y bien cuidada, a palos no se hace bueno el mal burro, el barro se maya, se muele, y se criba, se le da de beber y se pisa, luego vienen las manos del hombre que lo amasan, y le dan fuerza, luego las de la mujer y el torno le dan forma, la forma del cacharro se levanta a fuerza de dar vueltas, las vueltas se dan con maña y oficio, el oficio lo aprenden de los padres los hijos, el sol lo seca y otra vez al monte a arrancar leña, acarrearla, preparar el horno, la calor del horno es la que le da la vida y la resistencia, luego la gente lo usa según lo necesite, así se hizo esta Tinajoria....

                                                                                                                                                                                                                  José Luis Gutierrez, Guti.

Al buen tun-tun

...

Debemos siempre un recuerdo a aquellos de los que aprendimos y Mayalde incluso los personifica en el escenario. Conscientes del valor de sus conocimientos, no ignoraban detrás de lo que se andaban los visitantes ocasionales que al medio rural se acercaban y la tía Máxima los increpaba: ¨si, si, vosotros venís por el mi sabel¨. Y aunque muchos han visto ese saber pocos lo han entendido. De ese entendimiento hace gala este disco, si no ¿como mantenernos durante diez minutos atentos a ¨La Hijuela¨? o ¿presentar un repertorio que muchos veríamos como mortecino, popular o moderno (María Rebolleda, La Clara, El Tulipán, La Portuguesiña) y volverlo a la frescura que tuvieron hace décadas?...

                                                                                 Carlos A. Porro

Las nanas salen de las entrañas, junto al corazón, desde el alma, muy dentro. Las nanas son voz sola de mujer, a pelo, ná de nana, nana y ná, el niño y tó, no hay nada más. Por eso hemos querido mostrároslas así, como se cantaban, sin adornos ni aderezos.

Estas nanas vinieron con nuestra niña Cuba. Son para Cuba y Beltrán, a ellos se las cantamos para que no se queden sin la música de la cuna, la que se queda dentro y ya no se va nunca, para que no se queden sin nuestras nanas, las que nos cantaron, nos durmieron, nos acunaron y nos llenaron la cabeza con los primeros sonidos, con recuerdos, con voces de abuelos...!

Qué tiempo es este en el que los niños no escuchan nanas! Estas nanas son también para los abuelos Eusebio y Pilar, por cantarnos siempre, acunarnos, regalarnos muchos abuelos, música, y por no rendirse nunca en este precioso oficio.

Estas nanas son un agradecimiento a los que siempre están, a Guti y Carlos Porro, por sus nanas, consejos, ánimos y por sus quereres. A Luis, por acogerme en su casa y recoger con tanto cariño y paciencia la voz que ahora os brindamos. A Esther, por dibujar nuestras nanas en delicadas acuarelas espolvoreadas de oro. A María, por dar forma a este proyecto, que empezó siendo el mejor regalo que podía hacer a Cuba y Beltrán.

Nanas con ná

Camino de la plata

El tiempo...

El otero del tiempo es el lugar privilegiado que mejor permite la percepción objetiva del comportamiento humano (siempre cojeando de pasiones fungibles, que nacen y mueren fugazmente sin dejar huella). 25 años después de un nacimiento por esquejes, mayalde conservan sin mácula las señas de una identidad inconfundible que ha hecho de ellos un islote incontaminado  en los mares procelosos de la música tradicional. Coherentes como pocos, en un territorio en el que pululan trajinantes que meten mano sin escrúpulos en la faltriquera de la tradición, han logrado marcar su estilo personal, dejando una huella indeleble que sigue dibujándose en su itinerario con la misma firmeza que el primer día de hace cinco lustros.

 Si acaso, el tiempo transcurrido ha servido para ir asentando en ellos un conocimiento esencialmente empírico:  la experiencia vital de Pilar y Eusebio ha ido cimentándose en el magisterio de cientos de informantes que se han abierto a su sed insaciable de aprendizaje  con  idéntica generosidad que Mayalde derrochan en cada trasfusión (porque en definitiva cada concierto suyo es eso).

La herencia…

Mayalde son hoy un clan perfectamente cohesionado y entregado a la herencia antigua. Pilar y Eusebio, Laura y Arturo – padres e hijos- han firmado una alianza sin fisuras y demuestran una complicidad emocionante para unos tiempos de desintegración desoladora.

Alejados deliberadamente de la academia, de la erudición, de la disección de gabinete, del artificio, Mayalde han sido, son y prometen seguir siendo una exhibición exuberante de sinceridad y emoción, de honestidad como emblema, como marca esencial de la casa.

Firme correa de transmisión del acervo popular, cada una de sus lecciones magistrales sobre el escenario enciende nuevas llamas que servirán para seguir alumbrando el camino tortuoso por el que discurre la herencia de los antepasados.

Caja de Pandora de ritmos, sonidos y mensajes sin cifrar, sus conciertos son también una demostración de simbiosis magnífica entre el artista y su público. Pocos intérpretes de música tradicional pueden desplegar una liturgia tan bien asumida y ejecutada por parroquia tan fiel.

Mayalde y su público forman ya, 25 años después, una secta: la de los elegidos.

Juan Francisco Blanco

Filólogo y Etnólogo

La herencia

Quizá al acabar de escuchar el trabajo que esta carpeta encierra sigan resonando aún en nuestros oídos los ecos de la zambomba - del pujo salmantino -, de la gaita y del tamboril y, sobre todo, de la voz antigua del dúo Mayalde. Posiblemente para los que ya no alcanzan a ver, a escuchar, los cantos tradicionales en su ser, sea esta ya la única forma de acercarse a la peculiar forma de interpretar que las gentes de campo han desarrollado a lo largo de generaciones.

Este colorido de matices, tan difíciles de traspasar al pentagrama, es el que los Mayaldes han sabido recoger de las aldeas y pueblos salmantinos para después ofrecérnoslo a aquellos que por amar la tradición nos consideramos un poco vecinos de todos nuestros lugares.

Sin entrar en quimeras vanas sobre los modos de interpretar, soslayando purismos intransigentes e irrespetuosos refritos, adentrémonos en la música tradicional salmantina de la mano del buen gusto, recibiendo así el mensaje que este trabajo nos brinda: sencillez, calidad y, sobre todo, calor.

No es nueva, ni mucho menos, la tan traída y llevada lucha por purificar de influencias extrañas la verdadera tradición musical de Salamanca, o de cualquier otra zona, pero ateniéndonos al caso concreto de la provincia que nos atañe, una curiosa carta (conservada en el Instituo Menéndez Pidal de Madrid. Gracias por su consulta) escrita por D. Dámaso Ledesma, informa a Don Ramón Menéndez Pidal de que: "Para cuando vuelva (a Salamanca) ya sé de un gaitero viejo, de gran fama en todo el campo de Salamanca, el que se prestará a tocar y cantar romances antiguos. Con los modernos no se puede, porque hacen algo parecido a lo que Iparraguirre en su Colección de Zorzicos, que todo tiene menos estilo regional. Cantan el charro mezclado con cantos andaluces, cosa que no la quiere ni usted ni yo.

Perdone haya sido tan tardío en proporcionarle romances, le prometo lo mejor del país y lo más puro, pues esté seguro que los conocidos en la Zarzuela "Los Charros" no son de Salamanca, y así de casi todos...". La carta está fechada, por el propio Pidal, en Ciudad Rodrigo, año 1904.

Así pues, encontrar después de ochenta y cuatro años un gaitero y dos jóvenes cantores que sigan una línea clara en su estilo de interpretación, apoyado en un concienzudo trabajo de recogida por los pueblos salmantinos es una satisfacción para aquellos que, amando y creyendo en los valores de la cultura tradicional, sabemos que con la muerte de cada uno de esos mayores a los que tanto debemos, se va siempre un pedacito del ayer; de ese ayer que gentes de todas partes, cada cual en su terreno, han convertido en su credo de cada día.

Madrid. Noviembre de 1986

Jose Manuel Fraile Gil

Canciones tradicionales salmantinas

DE BORNEOS Y RINGURRANGOS:

 

Seis años después de la aparición de La herencia,  su último trabajo discográfico, Eusebio y Pilar Mayalde, a quienes nunca atosigaron las prisas ni la inmediatez que preside tantas veces la vertiente comercial de nuestra música, han realizado un muy serio trabajo de recopilación y aprendizaje – sólo los necios creen estar en posesión de la sabiduría- en el que han madurado ondamente todos los temas que hoy aquí nos ofrecen, de suerte que son ya parte íntima de la propia experiencia, engarzados como un eslabón más a su forma de entender el mundo y a su manera de vivir la vida. De ahí la frescura que emana de sus canciones coma la fuerza profunda en la interpretación, porque Mayalde no es, como tantos cantores de aires populares, mero intermediario de un saber poético y musical que en otros se sustenta, Mayalde es una tradición misma encarnada en tierras de Salamanca, creciendo a la fuerza de pasión enamorada.

 

 SOBRE CON EL ARCO Y LA VOZ:

Como aquellos juglares errantes que en otros tiempos andaban los caminos, dejando por ventas y mesones antiguos canciones de amor y retablos de curas cornudos; como el pastor en el monte, añorante del llano y de la aldea, entre el ansia del mundo y el sosiego del alma; o tal vez como los viejos copleros, por las plazas de pueblos y ciudades, salmodiando sus pliegos de cordel a perra gorda… Con el humilde rabel entre las manos, con “Peña" a su lado – lazarillo de una ilusiva ceguera- y quizá, la atenta mirada de Arturo, oculto en cualquier parte, la voz está ya limpia para el canto y el romance naciendo en claros octosílabos de rimas asonantes.

...

Eusebio y Pilar, Mayalde, devotos por demás del santo jaraíces y trujales, han sabido conservar toda la sabiduría antigua que aquel mi pariente creía abocada irremediablemente al desamparo. Y, lo que es aún más meritorio, sin que ese saber tenga el rancio sabor libresco de museos y cancioneros, si no el regusto profundo del vino de la Sierra, el lomo en orza y el farinato humilde en cualquiera de esas viejas cocinas populares donde Pilar y Eusebio han aprendido a bailar con ringurrango o a interpretar la jota con vasos y cucharas.

 

De boca en boca han aprendido de la vida que lo más hermoso, como escribiera Blas de Otero, son las palabras de la gente –parece que se tocan, que se palpan-, esas palabras que hacen temblar a veces la gramática. Y De boca en boca nos las traen en estos cantares y letrillas, en su mayoría de corte picaresco para nuestro solaz y divertimento, transmitidos a través de generaciones que los supieron guardar en el hondón de la memoria –ahí están, sentadas en el poyo de la puerta, en Aldeatejada, esas cuatro generaciones que confluyen en la mirada de Laura y su esperanza: tus ojos de mar y menta, tus ojos de niña blanca- e interpretados ahora por Mayalde con impecable maestría, con sabor a esa tierra y a atardecidas de verano. Porque la canción no es vida hasta que una voz la interpreta y en la voz de Mayalde palpita la vida entera en el deje de un verso o en el matiz de color de un estribillo.

 

En este trabajo han reunido Eusebio y Pilar un hermosísimo ramillete de canciones acompañadas en su ejecución por peculiares apoyos musicales; pocas cosas enseñan tanto como la necesidad y en el campo salmantino el hambre aguzó siempre el ingenio y donde no había instrumentos que tañer, ni posibilidades para su adquisición, se convirtieron platos y cucharas, sartenes y almireces en insólitos instrumentos musicales.

Ramón García Mateos.

Eusebio y Pilar -y ahora también sus hijos- llevan mucho tiempo bendiciendo con su alegría y su arte, con su gracia y su con su seriedad-¡qué hermosa paradoja!-el mundo de la cultura tradicional. Suyo es todo el esfuerzo que se aprecia en este disco: la recopilación de los temas, la dirección musical, la interpretación y -estoy seguro-Hasta la bota de vino que andaría rodando de mano en mano Durante la grabación de este trabajo que se llevó acabo en su propia casa.  
                                                                                                                            Joaquín Díaz.

Dar posá

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